El anfiteatro de la plaza Redondela llevará el nombre de Marta Rodríguez-Tarduchy.

El Grupo Municipal Socialista de Fuencarral no quiso dejar pasar la oportunidad con la aprobación de esta proposición para manifestar la labor profesional y personal de Marta Rodríguez-Tarduchy Díez, como concejala del Ayuntamiento de Madrid, representando al Partido Socialista Obrero Español, desde septiembre de 1999 hasta abril de 2004, fe-cha en que fue designada por el Gobierno de la Nación Directora General de Inmigra-ción, dependiente del entonces denominado Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

Licenciada en Sociología y funcionaria del Estado, el hecho de ser madrileña de naci-miento le confirió a Marta la capacidad de entender la naturaleza de los madrileños. Su gestión se caracterizó siempre, por la notas de cercanía al ciudadano, y su compromiso en la mejora del servicio público y el interés por los hombres y mujeres de un Madrid sin puertas, donde la convivencia y la tolerancia forman parte de su historia.

Por estas razones, conociendo en buena medida la materia de que estaba compuesta la comunidad a la que debía representar, se desprende, que, a Marta no le fuera una tarea ardua ser concejala socialista de este Distrito de Fuencarral-El Pardo, a pesar de la difi-cultad que siempre entraña el hecho de defender un proyecto de trabajo cuando se forma parte de la oposición política.

Aun así, gracias a su condición conciliadora y a su buen hacer, teniendo siempre como prioridad el interés general de los ciudadanos, la concejala Marta Rodríguez Tarduchy defendió y supo realizar una política municipal sin que basara, en ningún caso, su labor en la apertura de frentes de discusión estériles, evitando de esta forma innecesarios en-frentamientos que tanto dificultan la misión de servicio a la ciudadanía.

Como concejala de Obras en el Ayuntamiento de Madrid supo detectar los problemas de movilidad que trastornan el día a día de los ciudadanos, trasladando esa problemática a las Áreas de decisión municipales correspondientes, y siendo atendidas en muchas oca-siones sus proposiciones y sugerencias en bien de los vecinos. El medio ambiente fue otra de sus preocupaciones, haciendo de la contaminación lumínica madrileña uno más de sus caballos de batalla, e igualmente, viendo recompensadas sus inquietudes con la aceptación de parte de sus propuestas por el equipo de gobierno municipal.

Su paso por la Junta Municipal de Fuencarral a lo largo de casi cinco años dejó sin lugar a dudas su impronta de mujer trabajadora, de concejala comprometida y de política res-petuosa con las opiniones discrepantes.

Ese capital, fue sin duda, el que la aupó a una nueva responsabilidad, en esta ocasión de ámbito nacional. Dedicada a atender las necesidades de la población inmigrante en nuestro país, reivindicó la exigencia de mantener la problemática migratoria fuera de la contienda política. A esta labor humana consagró en la práctica la última etapa de su vi-da, fatalmente interrumpida cuando aún era una mujer a la que le quedaba mucho por hacer.